domingo, 18 de octubre de 2009

Algunos consejos para elaborar redacciones


                       

                   
       Algunos consejos para elaborar redacciones


Escribir, escribir y escribir. ¿Así, tal cual? No. Hay un orden, unas fases, un proceso.
1ª El antes de, llamado por otros preescritura. ¿Qué haces antes de coger un bolígrafo, unos folios y sentarte a emborronar hojas y hojas? ¿Sabes sobre qué quieres escribir? ¿Tienes clara la información? ¿Eres capaz de ordenarla?
Claro que no. ¿Entonces? Hay que generar ideas, buscar ideas y… ordenar ideas.
1.1 ¿Generar ideas? ¿Buscar ideas? Sí, obtener los materiales para redactar un texto. Busca, recoge, rechaza, escoge… información. Y para escritos creativos, indaga en ti mismo, en tu propia experiencia y en el mundo que te rodea. Vale, vale… paso a paso.
Primero de manera creativa. Te abres a lo que surja, a cualquier idea o asociación que se presente en tu mente. ¿Cómo?
- Piensa en un tema y ve apuntando todas las ideas que te pasan por el coco. ¿Todas? Todas. De eso se trata, escritura libre o torbellino de ideas o escribir lo que te venga en gana, llámalo como quieras, pero hazlo.
-  Otro método. En el centro de un folio apunta el nombre del tema sobre el que quieres escribir, a su alrededor, las ideas y palabras que se te ocurran, y en torno a éstas, las nuevas ideas y palabras que surjan por asociación con las primeras, hasta llenar el folio. Y ya tienes un mapa de generación y asociación de ideas o un racimo de ideas asociadas
Y segundo, abre tu coco y lánzate a explorar el mundo, busca y recopila. ¿Dónde? Libros, apuntes, revistas, internet, rincón del vago, rincón de Pepe, tu vecino… donde quieras, pero ojo, cuidado con las fuentes, procura que sean fiables. No por estar escrito ha de ser verdadero, ¿qué? Lo que sea. La escritura no es un criterio de verdad.
Muy bonito ¿Y ahora? Recuerda, dije…
1.2 Ordenar ideas. Clasifica, analiza, interpreta, adapta, compara, relaciona, estructura, sintetiza…  la información. Ah, sin olvidar la parte creativa: permanece abierto a nuevas ideas y relaciones. ¿Hay una sóla forma de hacerlo? No, hay muchas. Veamos.
- Lee el material obtenido y subraya lo más importante, las ideas principales en un color, las secundarias en otro. A continuación, relee las ideas principales y las numeras según su posible orden lógico, cronológico o causal. Los primeros números, junto a las más importantes, las que son causa de otras, las primeras en el tiempo, y los sucesivos, a las menos importantes, las derivadas, las últimas en surgir, los ejemplos.
- Otra forma ¿Recuerdas el Mapa de ideas asociadas? Bien. Vamos a dibujar algo parecido, pero un poquito más ordenado. En el centro de un folio grande escribe el nombre del tema y traza un círculo a su alrededor. Relee las ideas principales subrayadas en los apuntes o en el racimo de ideas asociadas y las colocas alrededor del círculo central. Y a su vez, escribes en torno a cada idea principal las correspondientes ideas secundarias. Y alrededor de éstas, otras derivadas… y así, hasta agotar el tema. En los extremos suelen colocarse los ejemplos, los detalles y los hechos concretos.
Espera, espera ¿cómo puedes saber si dos ideas están relacionadas y qué relación existe entre ellas? Es cuestión de preguntar ¿Son semejantes, contrarias, derivan unas de otras, han surgido en el tiempo unas antes que otras, están unas por encima y otras por debajo en diferente grado de comprensión o importancia, es decir, necesitas mencionar primero unas para comprender otras? Según las respuestas, la relación puede ser de causa-efecto, semejanza u oposición, y gradación cronológica o “lógica”. Y las puedes ordenar según un criterio o combinación de varios.
Se acabó, ya has aprendido a crear un Mapa conceptual o mapa de ideas que a simple vista te muestra las ideas principales, las secundarias y la relación jerárquica que existe entre ellas. Las ideas más importantes o principales quedan más cerca del centro, y las más derivadas, junto con los ejemplos concretos, en los extremos. Puedes construirlo para tomar apuntes, ordenar ideas, hacer un esquema, desarrollar un tema o resumir un texto. Si el gráfico está bien hecho, es ordenado, aseado, y tiene una forma armónica, se grabará en tu mente como se graba una figura geométrica o un objeto bello. Te será fácil de recordar. Si queda ordenado en el papel, queda ordenado en tu cerebro.
- Una más y ya. Depura. Ya tienes las ideas reunidas, seleccionadas y organizadas en el espacio gráfico, ahora has de darles un orden lineal, un orden que luego reproducirás en el texto escrito. ¿Cómo? Observa las ideas principales del mapa conceptual ¿Cuáles colocarías en la introducción, cuáles en el desarrollo, y cuáles en la conclusión? ¿Cómo puedes saberlo?
- ¿Cómo comenzar a escribir? Planteas la cuestión, el problema, la incógnita o el conflicto, aclaras aquello que va a ser desarrollado, lo presentas, lo introduces en la mente del lector, presentas el tema y los personajes, incluso, indagas si ese tema fue tocado antes, cómo y por quién. Si, por ejemplo, es un tema de filosofía, la pregunta inicial sería ¿De qué tema se trata? ¿Plantea algún conflicto? ¿Qué pensadores lo han tratado antes, cómo, para qué, cuáles eran sus intenciones? Y si en este momento lo estás enfocando desde el punto de vista de un autor concreto ¿cómo han influido en los autores anteriores en su forma de tratar el tema? ¿Ha tomado algo de ellos? ¿Cómo lo ha adaptado a su propia filosofía? ¿Cómo se relaciona la filosofía del autor? ¿A qué autores se ha opuesto y por qué? Y otro punto, otro punto muy importante. El autor no sólo es influido por otros autores anteriores o contemporáneos, el autor es sobre todo hijo de una época. Una época con sus propios conflictos, dramas y necesidades. ¿Cómo influye en el autor? ¿La filosofía del autor da la espalda a su época o de alguna forma intenta aportar una solución a los dilemas que ésta plantea? ¿Cuál es entonces su intención? Y recuerda ¿con qué preguntas hemos empezado la introducción? ¿De qué trata el tema? ¿Plantea algún conflicto? Bien ¿Cuál es la pregunta con la que cerramos la introducción y damos paso al desarrollo? ¿Cuál es la pregunta que nos hace de puente?: ¿Cómo intenta el autor solucionar ese conflicto? Y ¿Lo conseguirá? ¿Será eficaz su solución? Continuará. ¿Lo has pillado? Se trata de que generes una incógnita para despertar en el lector el deseo de seguir leyendo. Ya tienes la introducción.
- ¿Y ahora? ¿Cómo rellenas la parte más extensa de una redacción? El desarrollo. Al final de la introducción has prometido algo ¿no? Has prometido contar qué solución aportaba el autor y si dicha solución era eficaz. Si quieres mantener el interés del lector, la segunda respuesta la tendrás que ir retrasando, pues una vez se la cuentes, y a menos que le enganches con una nueva incógnita, ya no le va a interesar seguir leyendo. ¿Cómo contestas a la primera? ¿Cuál es la solución que intenta dar el autor? ¿Llegó a ella de golpe, por inspiración divina, o fue tanteando poco a poco, a través de un largo proceso de años y años, de dudas, problemas y revisiones, y en este caso, cuál es ese proceso? Cuéntalo al detalle, cuéntalo en todos sus matices, pasos, equivocaciones y aciertos. Y la solución, suponiendo que la haya, ¿es sencilla, es una afirmación simple o es una teoría compleja con multitud de pasos, encadenados unos a otros, de modo que si no entiendes los primeros, no serás capaz de entender los que le siguen? Si este es el caso, cuenta la teoría paso a paso, de lo más sencillo a lo más complejo, de las primeras afirmaciones a las últimas, repitiendo el proceso de razonamiento del propio autor. Y no como quien cuenta algo de carrerilla, no, por favor, sino como quien razona, piensa, reflexiona, se va planteando problemas, preguntas, va dando respuestas que a su vez generan dudas y más problemas, y más preguntas, y así, paso a paso, va razonando, va pensado, va escribiendo. Y para finalizar ¿no tenías una promesa que cumplir, una duda que responder? ¿Es eficaz la solución? ¿Cuáles son, fueron o han sido, sus consecuencias? Vuelve a hacer la pregunta, y con ello saltamos al siguiente apartado.
- ¿Es válida la solución del autor? ¿Válida en teoría o válida también en la práctica? ¿Válida para él o válida también para otros? ¿Fue eficaz para su época, aportó algún cambio concreto? ¿Consiguió lo que quería, cumplió su primera intención o se tuvo que conformar con metas más humildes y realistas? ¿Dejó el tema cerrado o abierto para posibles debates? ¿Dejó incógnitas, cabos sueltos, puntos que ni él mismo fue capaz de explicar por los límites de su época, de las capacidades humanas o del propio tema tratado? ¿Influyó su solución en otros autores? ¿En una minoría intelectual o se extendió a toda una época, movimiento, corriente, cultura, sociedad, hasta convertirse en algo conocido por una parte importante de la población? ¿Fue su influencia sólo intelectual  o también influyó en las relaciones sociales y en la política? ¿Afectó sólo a la forma de pensar, a la forma de ver el mundo, de interpretarlo o también, a la vida práctica, a la forma de actuar y relacionarse? ¿Cuáles han sido sus consecuencias? ¿Ha sido positiva o perniciosa su influencia? ¿Ha conseguido en parte su propósito o la ha jodido todavía más? ¿Qué críticas, revisiones, adaptaciones ha sufrido su teoría? ¿Pervive algún aspecto hoy en día? ¿Sigue vigente de alguna forma? ¿Está el tema cerrado o aún hoy se discute y no hay una solución clara? ¿Se te ocurre algo más para tratar en la conclusión?
Sí, para finalizar, para colocar un buen cierre en tu trabajo, haz una afirmación paradójica, una síntesis final, o una pregunta que señale el conflicto todavía abierto o todavía sin resolver, algo que deje un deseo de más en el lector, un deseo que no vas a satisfacer, y que colocará al lector en el dilema de resolverlo por si mismo, si quiere… si se atreve. ¿Te atreves tú a redactar un texto como aquí se pide?
Alto, alto, espero que hayas cogido una página en blanco y, conforme  respondías a las preguntas anteriores, escrito un borrador con las ideas principales, cada una en su apartado y en su orden, introducción, desarrollo y conclusión, y debajo de cada idea principal un espacio para las ideas secundarias asociadas o derivadas de ellas y los posibles ejemplos. Bien, ahora repasa la lista y considera si el orden de las ideas es el apropiado, si tienes que alterarlo, añadir ideas nuevas o eliminar algunas que sobran, aquellas que no aportar ninguna información valiosa ni necesaria en las distintas cadenas de argumentos. Repasa, atento al orden de las ideas, a la relación de cada una con las anteriores y las posteriores. Si alguna idea carece de relación, está de más. La recolocas o la suprimes. Que nada sobre, que nada falte. Sólo te queda añadir números y letras al comienzo de los distintos niveles y subniveles, y ya tienes un esquema, una lista de ideas organizadas de forma jerárquica, un orden lineal y coherente que te va a servir de guía en el proceso de redacción, y que marcará también el orden de las ideas en el texto.
2ª El ahora qué. Escritura. No me vengas con el rollo de la página en blanco. Sobre la mesa tienes el mapa conceptual y el esquema, y folios y folios de material subrayado. ¿Qué más quieres? Ten presente a quién va dirigido el texto, quién lo va a leer o escuchar, y en este segundo caso tu expresión será más sencilla, clara y directa, las frases más cortas, capaces de ser retenidas a ritmo de oído. Sigue el hilo del esquema, pero no hagas otro, no seas esquemático, ni telegráfico, no plasmes las ideas en un ritmo monótono. Cambia la estructura de las frases, su extensión y su ritmo. Mira el esquema, una y otra vez, relee el texto mientras escribes con el fin de no perder el hilo o dar saltos argumentativos. Si se te ocurren cambios, anótalos. Y si estás en un examen, deja un espacio en blanco a pie de página para añadir incisos en forma de notas aclaratorias.
Ya te lo he dicho y te lo volveré a decir, no redactes como quien vomita, de un solo tirón y sin pausa. Argumenta, reflexiona, hila las ideas y las frases, plantea preguntas al final de un párrafo, al final del desarrollo de una idea principal, preguntas que luego contestarás en el párrafo siguientes, preguntas que hacen de puente y despiertan el interés del lector.
¿Argumentar, hilar frases? Es fácil decirlo, pero ¿cómo se hace? Hay una serie de palabras y frases que te pueden ayudar, se llaman marcadores textuales o inductores, a ti te ayudaran a redactar, a asociar ideas de una manera ordenada, y al lector, a entender mejor la intención del escrito. Cada palabra o expresión conectiva que utilices te conducirá hacia una cadena diferente de ideas, te guiará en un sentido o en otro. Su objetivo es estimular y dirigir tu proceso de pensamiento, ayudarte a generar e hilvanar ideas, es conveniente que las memorices o que las tengas sobre la mesa a la hora de redactar, pero después, a menos que te sean útiles para aclarar el sentido del texto, no las escribas. Si las escribes, hazlo con moderación y no como meras muletillas sin sentido. Sitúalas sobre todo en los lugares importantes del texto, inicio de frase o párrafo, para que el lector los vea antes de empezar la oración o el fragmento y se haga una idea del sentido del texto. Los diferentes estilos a la hora de escribir se basan en las diferentes formas de palabras conectivas que el escritor tiene en mente cuando redacta el texto.
Aquí tienes algunos de los marcadores más usados en un texto argumentativo. Dispones de una lista más completa en el apéndice.
Si, a pesar de, después, por lo tanto, aunque, para que, a fin de que, pero, sin embargo, no obstante, por consiguiente, al mismo tiempo, cual, más adelante, en cambio, por tanto, luego, al final, si bien, entonces, a favor de, en lugar de, para que, tampoco, antes, a fin de, con el fin de, puesto que, donde, quien, cuando, hasta donde, mientras, según, tal como, antes que, así como, igual que, siempre que, tal como, lo mismo que, igual, peor que, si bien, en el supuesto de que, aun cuando, a pesar de que, a menos que, en el caso de que, a causa de, por razón de, ya que, puesto que, dado que, en consecuencia, a consecuencia de, por tanto, así que, de modo que, por lo cual, razón por la cual, por esto, pues, a condición de/que, en caso de/que, siempre que, siempre y cuando, con solo (que), en caso de (que), con tal de (que), para (que), a fin de (que), con el fin de (que), con el objetivo de (que), con la finalidad de, en cambio, antes bien, no obstante, ahora bien, por el contrario, con todo, de todas formas, si bien, a pesar de (que), por más que.
En el apéndice II tienes una lista con el uso de los marcadores según su finalidad.
Se supone que ya conoces las reglas de uso, ortografía, gramática, de la lengua en la que escribes. Si tienes cualquier duda consulta manuales. Tienes algunos libros útiles en el apéndice III. Y sobre tipos de argumentos, razonamientos o estructuras, espero que ya sepas distinguir entre una estructura analizante, sintetizante o encuadrada, y un argumento deductivo, inductivo o dialéctico, aunque sobre este último, habría que decir dialécticos, ya que son varios y sujetos todavía a discusión. En caso contrario, espabila.
Cuando escribí sobre el esquema ya mencioné los tres apartados básicos, introducción, desarrollo y conclusión. Aquí, como ya te dije, te lo vuelvo a repetir.
- La introducción ha de presentar el tema tratado, ser clara, ágil y precisa. Y, en la medida de lo posible, atrapar la atención del lector para que siga leyendo con una primera pregunta o afirmación paradójica que centre el tema o lo ponga en cuestión.
- El desarrollo amplia el tema presentado en la introducción, responde a sus preguntas y plantea otras nuevas con la intención de captar la el interés del lector. Las ideas principales pueden ser tratadas en párrafos separados. Y algunos párrafos pueden finalizar con una pregunta que será contestada en el siguiente. Con ello, indicas el paso de una idea a otra y mantienes el interés.
- En la conclusión sintetizas las ideas expuestas, señalas cómo han sido tratadas en tiempos y autores posteriores al tiempo y autor desarrollado en el texto, y argumentas sobre la vigencia o ausencia del tema tratado en nuestro mundo actual. Puedes acabar con una pregunta abierta, o una afirmación paradójica o dramática.
3ª El después de. Reescritura. De momento, tienes sólo un primer borrador, si estás en un examen, ese es el texto definitivo y lo único que podrás hacer al releer, será añadir algunas ideas o aclaraciones a pie de página, tachar algunos errores o corregir algunas faltas de ortografía. Y no es poco. Pero si estás en tu casa y dispones de más tiempo, el primer borrador es sólo una aproximación a lo que quieres expresar y a la forma adecuada de hacerlo. Si quieres hacerlo bien, prepárate para reescribir una y otra vez. Los escritores profesionales pueden escribir hasta diez, doce o veinte borradores, antes de dar con el texto definitivo. Tranquilo, aquí, con dos o tres bastarán. Corrige primero el contenido y la estructura. Observa si la estructura es coherente, si no te contradices, si el texto dice realmente lo que quieres decir, y deja para una segunda lectura la corrección formal, gramática, ortografía, vocabulario, estilo, presentación, márgenes, tamaño o tipos de letra. Revisa el texto con la intención de mejorarlo en su totalidad, y considera que para ello, lo más probable es que añadas ideas nuevas, las reformules o las expreses con mayor claridad, modifiques fragmentos o te replantees toda la estructura. Un trabajazo, ya lo sé. Cuando aprendas lo harás más rápido, casi en automático, incluso en un examen. Mientras tanto…
                                                          
                                                   Apéndice III
                                                   Bibliografía
Cassany, Daniel “Describir el escribir” Editorial Paidós. Barcelona 1995
Cassany, Daniel “La cocina de la escritura” Editorial Anagrama. Barcelona 1995
Dintel, Felipe “Cómo se elabora un texto” Alba editorial. Barcelona 2003
Serafín, María Teresa “Cómo se escribe” Editorial Paidós Ibérica. Barcelona 1994

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